jueves 2 de septiembre de 2010

De (esos) amigos

Un día cometes una estupidez: Te emborrachas, vomitas sobre la alfombra, te lías con un tío que no presentarías ni a tu peor enemigo, rompes una vitrina de la parada de autobús... y ahí están. ELLOS. Los que te recogen el pelo para que no se te eche en la cara cuando estás sacando hasta la primera papilla, los que te llevan a urgencias para que te pongan puntos en la brecha de la ceja izquierda, los que mienten a tus padres por teléfono, asegurándoles que está contigo, solo que no se puede poner, mientras tú estás con tu ligue montándotelo en el picadero de la playa... Esos que te señalan lo que haces mal y te dan palmaditas cuando lo haces bien.

Y un día la estupidez es de tal tamaño que te dan la espalda porque el dolor que provocas es mayor que el mal en sí mismo. Y tienes que consolarte pensando que te quisieron demasiado como para poder soportar el verte haciéndote daño a ti mismo.

Si no piensas eso, acabas loco y solo.